martes, 23 de febrero de 2021

23-F: "Soñando con ser maestro"

Folios de apuntes manuscritos se amontonaban por la  gran mesa de tablero negro que por aquel entonces había en  el comedor de la casa de mis padres que también era la mía, algunos lápices y un  bolígrafo rojo para subrayar, puede que llevara allí sentado desde la cuatro de la tarde y no recuerdo bien si los apuntes  eran de Química o de Biología, era mi último año de magisterio y había tenido que pedir una prórroga para no irme a la mili y así poder acabar la carrera. Ese mismo día, después de comer, vi por la ventana de lo que era nuestra sala de estar, como en plena calle, en el jardín de enfrente de las "casas baratas"se desvanecía y moría uno de los  vecinos de más edad  del barrio, un hombre sabio, antiguo ferroviario y que, ya jubilado muchos años, construía miniaturas de carabelas, galeones y barcos pirata  con material reciclados, ¡cuántas historia  aventuras y misterios de navegantes me había contado aquel hombre!

Aquella tarde era otra más, otra cualquiera, la escena de la mañana no me  distrajo para nada en mi sesion estudio,  como era habitual tras dos horas, más o menos, hacía un descanso y ponía la radio que tenía en la sala de estar un viejo transistor amarillento y muy manoseado, solía  oír  Radio Juventud de Murcia, pero en esa tarde no sonaba la música que esperaba  sino que eran marchas  militares, esperé unos minutos y aquello seguía igual y no le di más importancia por lo que opte por cambiar de emisora y busqué en el dial Radio Nacional de España, también sonaba música militar pero pronto dieron un boletín informativo, no recuerdo con claridad el contenido pero sí  me quedó claro que algo grave pasaba en Madrid y nos daban una arengas que no aprecie a distinguir si eran consejos o consignas, lo cierto es que no le dí mucha importancia hasta que se pudo ver por televisión a ese guardia civil pistola en mano subiendo al atril del Congreso de los Diputados.

Yo soñaba con ser maestro, era mi último año, pero al salir a la calle me llamó la atención que los vecinos más mayores del barrio con cara de preocupación y cierta prisa iban a la tienda de toda la vida a comprar aceite, pan, patatas...,  en cantidades inusuales,  mi madre también lo hizo,  a esto una mujer muy mayor con cara de mucha resignación y tristeza  repetía: "otra vez no, otra vez no". creo que fue el semblante  de esta mujer y sus palabras lo que me hizo ser consciente de la gravedad de lo que estaba pasando y empecé a sentir miedo. 

La gente mayor hablaban con recelo y preocupación y empecé a creer que mi sueño de ser maestro se esfumaba delante de  mis narices  por algo tan lejano y  cierto modo ajeno que la rabia superó al miedo y deseaba con todas mi ganas que aquello pasara pronto. Pegado a la radio y con la televisión encendida seguía al minuto lo que nos iban ofreciendo entre la confusión y la desesperación. 

Me ilusioné tres años antes  votando si a la constitución, era la primera vez que votaba, parecía que España era un país que se estaba haciendo poco a poco en un país como los demás. Me veía en un país próspero, democrático y yo, como maestro, con ganas de comerme el mundo y cambiar la escuela, pero unos guardias civiles, unos militares y esas imágenes de los tanques por las calles de Valencia me rompieron el sueño en aquel momento pero no lo consiguieron. Lo que sucedió después fue el inicio de los mejores años de mi vida con el solo lamento de la pérdida de algunos seres queridos, pero si los mejores años de mi vida, 


lunes, 15 de febrero de 2021

La subcultura del YouTuber

 Son los tiempos que corren, los youtubers, influencer y demás personal que viven de las redes y que cuentan con millones de seguidores, fundamentalmente jóvenes  que  amamantan con diferentes temáticas y enganchan con mensajes tan llamativos como superficiales e intrascendentes creando una subcultura galopante basada en el espectáculo, la notoriedad y el culto al becerro de oro.

Me preocupa especialmente la generación de adolescentes y jóvenes que están creciendo y madurando en este submundo irreal y en el que están construyendo una escala de valores muy alejada de la realidad que les espera de adultos y que les puede ocasionar sentimientos de frustración o problemas de adaptación a un entorno social también digital pero competitivo y alejado del mundo fantástico y guay del youtuber.

A nosotros, los docentes, nos piden que preparamos a niños, adolescentes y jóvenes para que cuando sean adultos sean ciudadanos críticos, responsables, que paguen sus impuestos, buenos profesionales..., y tenemos que competir, en el sentido más duro de la palabra, con estos otros jóvenes líderes de audiencias millonarias que solo cuentan con un  pito, un tambor y mucha capacidad de persuasión. Se me antoja que en esta competición, ese duelo, está totalmente descompensado y ni tan siquiera se roza el equilibrio de fuerzas por lo que creo que la batalla está perdida, así que en estos casos habría que recurrir a aquello de que dos no se pelean si uno no quiere.

Ante la pregunta ¿qué podemos hacer? no tengo ninguna respuesta clara, ya me gustaría. Desde los centros  educativos, no hablo ya de las familias, tenemos que promover y persuadir con una educación en valores que no entre en colisión ni demonice la subcultura youtuber pero que ofrezca una alternativa mejor  y diferente, que haga ver a nuestros alumnos la otra vía  que no tiene porqué ser menos atractiva pero sí más real.  Es en este  punto donde si veo que las leyes educativas, lo curriculum, lo planes de estudio, la vida y organización de los centros educativos, la metodologías docentes, etc, deben de ser los suficientemente válidas , flexibles y atractivas para que ayudemos a nuestros alumnos en  el mundo real que es, en definitiva el que les espera. No es fácil pero puede que sea urgente y siempre más y mejor educación. 



miércoles, 10 de febrero de 2021

Un 10 en matemáticas

Ser docente es un privilegio, dedicar toda tu vida a enseñar y a aprender te va llenando poco a poco de sensaciones, emociones y  experiencias vitales que, con el paso de tiempo y cuando se acerca poco a poco el fin la vida laboral, como es mi caso, suelen aflorar recuerdos, personas y situaciones que en mi caso me refuerzan la idea de que en muchas ocasiones, no en todas, he sido docente que siempre quise ser.

Recuerdo cuando entró en clase por primera vez con 11 años, yo también era casi nuevo no creo que llegara a  cumplir los 25, con aspecto desaliñado,  mirada huidiza y un aire de como si todo aquello no fuera con él, se sentó solo al final de la clase y cabizbajo comenzamos las presentaciones, les di la bienvenida a todos y nos fuimos presentando uno a uno, al llegar su turno hizo un ademán de que lo dejara tranquilo, no dijo nada y fue entonces cuando me acerqué a su sitio y le pregunté si le pasaba algo y muy respetuoso y con al voz muy baja y lleno de timidez me dijo su nombre y nada más. 

Fue pasando el tiempo, apenas se relacionaba con lo compañeros, en parte por que él no daba el paso y en parte porque, debido a su aspecto y por su entorno familiar muy humilde y desestructurada, los compañeros le daban lado, pero en clase no dejaba de sorprenderme, era se tipo de alumno que casi nunca llevaba material, apenas hacía deberes y cuando los traía los presentaba en un hoja arrugada, mal escrita y con casi siempre con manchas de aceite, pero los deberes siempre estaban bien hecho, muy mal presentados, con muchas faltas de ortografía, eran deberes de matemáticas o de ciencias, pero estaban impecables, y así se lo reconocía en voz alta delante de toda la clase, le animaba a salir a la pizarra para que explicara a sus compañeros como los hacía y que  los resolviera pero siempre se negó y yo nunca le obligué.

Una mañana después de comprobar  que tenía los deberes de matemáticas hechos y correctos comencé a hacerlos yo en la pizarra y se me ocurrió "provocarle" y hacer mal un ejercicio para tantear  quién  estaba atento y a ver si él decía algo, no había acabado  todavía de hacer el ejercicio cuando oí que me llamaba y con la mano levantada me dijo: " Don Domingo ( era de los pocos que me llamaba de Don), ese ejercicio está mal", afirmó categóricamente, puede ser, le dije  sal y dime donde me he equivocado que yo no lo veo, no salió, desde su sitio me fue señalando donde estaba el error y la manera de solucionarlo, y así lo hice, al acabar le di la gracias y dirigiéndome al resto de compañeros pedí disculpas por el "error" y alabé la aptitud del único alumno que fue capaz o se atrevió a enmendar aquello.

Hablando con el resto de mis compañeros que le daban clase, era 6º de E.G.B. , me decían de él que era un desastre, no tenía mal comportamiento, pero no llevaba material, no hacía deberes, pasaba de todo, y claro las notas eran muy malas, todo Muy Deficiente  que se llevaba por aquella época excepto matemáticas que era Sobresaliente, que tambíen se llevaba por aquella época. Algún compañero que otro dudaba de estas notas , no era posible esa disparidad, yo solo disponía de sus exámenes y de mis notas de clase y todas eran de diez, el contenido claro no la presentación.

Y así pasó su E.G.B  hasta octavo, en este tiempo tuve muchas conversaciones con él, le hablaba de su facilidad y su gusto por las matemáticas  y que asimismo podría disfrutar de la Geografía, de la  Lengua de las Ciencias , que tenía que cambiar su actitud, que  a pesar de su origen humilde y que nadie de su familia había no había acabado la escuela obligatoria, él si podía, solo tenía que buscar el disfrute por las matemática en las otras asignaturas que seguro que lo había, me dijo que no, que solo le gustaba las matemáticas y que disfrutaba con ellas y así acabó la E.G.B. con un 10 en matemáticas y un 0 o un 1 en todas las demás.

Han pasado más de 30 años de aquello,  la vida no le ha tratado bien, de hecho sigue viviendo en el mismo sitio de  entonces, ya sin sus padres pero con algunos de los hermanos, después de muchos años sin verlo la casualidad hizo con nos encontráramos en la puerta de su casa, con la gente de su barrio, en su ambiente, se me quedó mirando, no con la mirada tímida de entonces sino con una mirada brillante de complicidad y luego entendí que de agradecimiento, me dijo que no pasaban por mi los años, le contesté eso es porque me miras con buenos ojos, con los mejores me dijo él, y entonce se volvió a los  amigos que le acompañaban y les dijo : "He tenido muchos profesores pero ninguno como este, para mi es el mejor maestro del mundo, por los menos de los que yo conozco" , para agradecerle  el cumplido le dije. " y tú has sido uno de mis mejores alumnos de matemáticas", entonce se dejó caer, "me importan un pijo las matemáticas,  es verdad que me gustaban pero no te lo decía por eso Don Domingo, te lo decía y te lo digo porque has sido la única persona que ha hecho que me sienta bien conmigo mismo, que me ha valorado y que ha creído que yo podía ser algo más de lo que soy", le puse la mano en el hombro y le repliqué: " Has hecho que me sienta maestro cabron", "... y tu que me sienta persona" me dijo él.

 

martes, 2 de febrero de 2021

A más ciencia más salud

 He de confesar que hay cosas que parecen tan obvias y de tanto sentido común que no cabrían en ninguna discusiones y/o debates al uso pero visto lo visto y oído lo oído, no deja de sorprenderme que a estas alturas de la película con pandemia incluida, haya gente que ponga en duda a la ciencia y al trabajo de los científicos y no pongan la salud a la altura que le corresponde dentro de sus prioridades que a mi  juicio está por encima de todo y no es una frase hecha.

Creo que en este país nuestro ha vivido y vive de espaldas a  la ciencia y la investigación, desde el conocido ¡que inventen ellos! de Don Miguel de Unamuno hasta nuestros días, y creo que en cierto modo, se ha convertido en un indicador negativo de eso que algunos llaman "marca España". 

En  la España de Machado de charanga y pandereta cerrado y sacristía, pensar en ciencia tendría que ser algo extravagante y puede que para muchos innecesario, ¡que inventen ellos!, y  así en un país del que podemos presumir de pintores, escritores..., a los científicos  apenas los podemos nombrar con los dedos de una mano, Santiago Ramón y Cajal, Severo Ochoa..., 

Si preguntamos a nuestros  escolares o a  la población en general sobre los grandes hitos de la ciencia en España seguramente muchos tendrán verdaderas dificultades para nombrar más de dos o tres. En nuestro sistema educativo no se ha procurado que nuestros alumnos asocien la ciencia con la idea de progreso, bienestar y salud y se ha presentado como algo abstracto y poco o nada relacionado con su vida y experiencias diarias. Las inversión del estado en ciencia siempre ha estado y  está por debajo de la media de la Unión Europea. No somos un país de ciencia, no nos han educado para valorar la ciencia y  son pocos lo padres que animan a sus hijos a que se dediquen a la investigación.

En este contexto y con esta pandemia  afrontamos todos nosotros  una experiencia vital y esperemos que irrepetible, aunque no estoy muy seguro, en donde la única salida posible nos la tienen que dar los científicos , esa ciencia denostada, arrinconada e incluso negada por los imbéciles. Nuestra salud,  nuestro  bienestar y el de nuestros padres, hijos y abuelos, depende más que nunca de la ciencia y de los científicos. Creo que no podemos buscar otras salidas diferentes a las que no de la ciencia, la ciencia es la única salida, muy por encima de la charanga, la pandereta y la economía.

No deja de preocuparme el comportamiento de la clase política y de mucha ciudadanía que, otra vez de espaldas a la ciencia, prioriza la economía, las luchas partidistas e incluso la ignorancia más superlativa por encima de la salud como bien supremo. Me resulta tremendamente escandaloso, que después de estar pasando el peor mes de la pandemia con todos los indicadores disparados por salvar la Navidad, ahora hablan de salvar la Semana Santa, sin duda seguimos ignorando a la ciencia, esta pandemia es un aviso, solo un aviso.




jueves, 28 de enero de 2021

Pensar en los demás

 El espectáculo que estamos viviendo en este país, no se si en otros también, desde que se inició la pandemia, se aleja mucho de lo que entiendo que deben ser los comportamientos de  personas, en principio, normales y corrientes y perfectamente integradas en una sociedad libre y democrática y que asume unos valores  con el objeto de mejorar la vida de los individuos y a su vez del colectivo.

Si echamos un vistazo a lo que ha ocurrido con la administración de las  vacunas, con  esos personajes insolidarios que se han saltado los protocolos y se han puesto una dosis cuando simplemente no les tocaba, y sobre todo, la caradura y le falta de respeto a la ciudadanía con esas explicaciones tan absurdas como irrisorias, seguramente no han pensado en los demás, solo en ellos y no, no  son personas precisamente irrelevantes sino más bien todo lo contrario, desde políticos,  un militar de máxima graduación y hasta un obispo, todo esto que sepamos y a mi, sinceramente me rompe los esquemas.

Me choca un poco cuando se habla de los jóvenes como uno de los colectivos más díscolos de la pandemia y se demonizan de manera tan injusta muchas veces  por sus comportamientos insolidarios para con los demás  y , sin embargo,  tenemos a estos "respetables" adultos que ocupan altos estamentos sociales actuando de manera tan egoísta y arrogante por las explicaciones, que me dejan con la duda de que si en la cúspide ocurre esto que no ocurrirá más abajo.

Se dice por activa y por pasiva, y muchos lo tenemos asumido, que para educar a un individuo hace falta una tribu entera, pero se supone que la tribu y sus líderes en situaciones de gravedad como la que estamos pasando, en donde peligra toda la tribu, han de poner todo su potencial y la mejor organización en la supervivencia de la tribu, del colectivo, en pensar en todos y no en ellos, pero en este caso no ha sido así,  el mensaje que estos adultos "modélicos y triunfadores"  han mandado a toda la tribu, incluido los jóvenes, es todo lo contrario primero yo, después los míos y si sobra pues ya los otros y además te lo explico.

Contra todo esto a los docentes y familias  se nos pide que eduquemos a ciudadanos responsables y preparados para vivir en una sociedad democrática donde el  respeto a los normas y a las leyes es la base de toda convivencia y todos nos sometemos a ellas y si , en ello estamos, pero una parte muy importante y notable del resto de la tribu no sólo no ayuda sino que además parece que muchas de la veces va en sentido contrario con esos comportamientos tremendamente egoístas y esas justificaciones tan tontas  como irrespetuosas. Así que desde una parte de esa tribu me siento con la obligación de repetir, esta vez para ellos, lo que digo siempre a mis alumnos, hay que pensar siempre en los demás,  todos nos necesitamos y nadie es más que nadie.

lunes, 25 de enero de 2021

¿Docentes por la verdad?

 He leido que hay un grupo de negacionistas de la pandemia denominado "docentes por la verdad". El pensar que estos docentes estén activos en centros educativos y con atención a alumnos me hiela la sangre, me asusta y  siento vergüenza ajena.

No se trata de coartar ningún derecho de estos docentes, son muy libres de  pensar como quieran, de opinar como quieran, tiene derecho  a la libertad de expresión y a la libertad de cátedra pero como todos los derechos tienen su límites y hay que ejercerlos con responsabilidad, más a aún en ámbito escolar donde los alumnos, sean menores de edad o no lo sean , tienen derecho por parte de sus docentes a recibir una información verídica, rigurosa, lo más objetiva posible en donde el docente debe de abstenerse de mostrar delante de los alumnos opiniones contrarias a  la evidencias y verdades  científicas contrastadas, así en el caso de la pandemia creo que sobran comentarios sobre su veracidad y mas que sobradas evidencias y consecuencias. Me da miedo que estos docente puedan trasladar a los alumnos estas ideas  absurdas y peligrosas por poner en riesgo la salud y el bienestar de la comunidad. 

Nos movemos en un mundo  donde la información, las opiniones, los bulos, la mentiras, se propagan rápidamente por multitud de medios a los que nuestros alumnos tienen acceso. Si a esto  unimos el formato de presentar todo esto en donde el eslogan, la frase hecha, el tópico y  el exabrupto predominan sobre el argumento y la opinión razonada  tenemos el cóctel perfecto para distorsionar la verdad y así surgen partidarios de movimientos tan absurdos como los "terraplanistas" , "antivacunas", o estos negacionistas de la pandemia. 

La escuela tiene que defenderse de estos  movimientos potenciando una educación en valores basadas en la declaración universal de los  derechos humanos y en nuestra constitución, propiciando lo más posible situaciones de aprendizaje basadas en debates entre alumnos , la cooperación entre ellos y el análisis de la realidad desde un punto de vista constructivo y  contribuir a la difusión de las ideas científicas, humanísticas, filosóficas y artísticas asumidas por la mayoría.





lunes, 11 de enero de 2021

No es solo es un fracaso de la educación

Con motivo del asalto a Capitolio de los  EE.UU he leído un artículo muy interesante  bajo el título el fracaso de la educación  que dice, entre otras muchas cosas, lo siguiente: 

"A largo plazo, la única fuerza que puede salvar la democracia es una ciudadanía educada, es decir, ciudadanos que saben lo suficiente para resistir el tipo de mentiras e incitaciones vertidas por el presidente actual y sus facilitadores".

Evidentemente estoy muy de acuerdo con esta afirmación, una ciudadanía educada en los valores democráticos y en la defensa de  los derechos humanos, en la tolerancia, en el respeto al otro, y la solidaridad y en la cooperación es una condición mínima para frenar  y aislar estos movimientos populistas y fascistoides que basan su acción en la desinformación, bulos, noticias falsas y ruido, en el eslogan, mensaje corto y grandilocuente y con la total ausencia de componentes reflexivos o alternativos, que son recepcionados por un público diverso en cuanto a formación y motivaciones pero ávidos de este tipo de mensajes unos por intereses y otro porque, simplemente, no  saben más.

Contra todo esto solo cabe más y mejor educación  como la única arma posible y válida para revertir este tipo de movimientos. Ciudadanos formados con un conciencia crítica, librepensantes, educados en la creatividad, con una fuerte formación humanística y respetuosos con las ciencias y con las artes, en definitiva una ciudadanía libre y educada en el sentido más amplio y globalizador de la palabra.

Ante esto la escuela tiene un reto y una obligación, porque si bien en todas las leyes educativas, concretadas en los diferentes Proyectos Educativos de Centro, programaciones y demás documentos más o menos burocráticos en cuanto a la educación en los valores anteriormente señalados, la realidad es muy distinta, educar en valores en mucho más que decirlo y detallarlo, educar en valores es practicarlos, fomentarlos en el día a día, evitando la competitividad, la clasificación y segregación  de alumnos, el individualismo, cualquier tipo de discriminación. Educar en valores es favorecer el trabajo en equipo de los alumnos, fomentar la inclusión, la responsabilidad, la cooperación...

Es importante profundizar en el estudio de las humanidades, en la historia, en las religiones, de la ciencia como motor de cambio, es necesario que todo el currículum se articule y se organice en torno a  esos valores democráticos, se trata de defender un modelo social donde quepamos todos y que entre todos la construyamos día a día sin descanso para poder frenar el avance de estos  movimientos  que  navegan totalmente a la contra ofreciendo un modelo falso, segregador, individualista, negacionista y sobre todo injusto.

Pero no es solo un fracaso de la educación, aquí cabe aquello de que para educar a un individuo hace falta una tribu entera, y así es, los medios de comunicación, los partidos políticos democráticos... deben de aportar por ello si no queremos que lo peor de la historia de la humanidad ocurra otra vez... y no tendríamos perdón.