Como docentes, nuestra misión va mucho más allá de transmitir el Teorema de Pitágoras o las reglas de acentuación.
Nuestra verdadera labor —la más silenciosa y, a la vez, la más ambiciosa— es formar personas.Personas responsables, tolerantes y capaces de convivir en la diferencia.
Sin embargo, cada mañana al entrar en el aula, nos encontramos con un muro invisible: la realidad que los alumnos respiran fuera de ella.
1. La contradicción como norma
En mi clase he enseñado que el respeto es la base de cualquier debate. Explicaba que discrepar no es atacar y que la empatía es el pegamento de la sociedad. Pero, ¿qué ven nuestros jóvenes al encender la televisión o abrir una red social?
En el Parlamento: Gritos, interrupciones y el uso del insulto como herramienta de marketing.
En los mítines: Un lenguaje de "nosotros contra ellos" que deshumaniza al que piensa distinto.
En los medios: Tertulias donde el que más grita es el que más tiempo de antena recibe.
En las redes: Descalificaciones, ridiculizar al adversario, groserías.
2. El "Efecto Espejo" en el aula
Los adolescentes son radares de incoherencias. Si un líder político utiliza el desprecio para ganar un argumento, ¿con qué autoridad moral les pedimos que no utilicen el bullying o la burla en el recreo?
Cuando la descalificación se normaliza en las esferas más altas de la sociedad, la responsabilidad y la tolerancia empiezan a verse no como virtudes, sino como signos de debilidad.
3. Educar contra corriente
Educar hoy se ha convertido en una labor de resistencia. Los docentes intentan construir una catedral de valores mientras, desde fuera, se lanzan piedras contra los cristales.
"Es difícil convencer a un alumno de que la palabra es el arma más poderosa, cuando ve que el mundo real premia al que mejor sabe humillar."
¿Qué podemos hacer?
No podemos apagar el ruido del mundo, pero sí podemos darles herramientas para filtrarlo:
Pensamiento crítico: No basta con decirles qué está bien; hay que analizar juntos esos vídeos de mítines o debates y preguntarles: “¿Crees que esta forma de hablar ayuda a solucionar el problema?”
El aula como refugio: Convertir el colegio en un espacio donde las reglas de convivencia sean innegociables, un oasis de respeto frente al caos exterior.
Predicar con el ejemplo: Ahora más que nunca, nuestra coherencia personal es nuestra mejor lección.
La educación no puede ser una isla. Si queremos una sociedad más tolerante, necesitamos que quienes ocupan los atriles y los platós de televisión
entiendan que ellos también están educando, para bien o para mal, con cada palabra que pronuncian.

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