sábado, 7 de febrero de 2015

50 años de mi Instituto Diego Tortosa

Se cumplen ahora 50 años del Instituto Diego Tortosa de Cieza, mi Instituto, ese lugar donde entré hecho un niño de 10 años con pantalón corto y salí hecho un joven de 17 años con media barba  pelo largo y pantalón de campana. Por esto y por solo esto, por esos años tan decisivos que allí pasé, que han configurado gran parte de mi vida posterior me  sumo a su aniversario con una nostalgia alegre, y muy buenos recuerdos, aún no siendo yo partidario de aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Fue el curso académico 1970/71 cuando pisé sus aulas por primera vez, todavía recuerdo aquel primer día de misa obligada para empezar el curso con el director Don Jesús Pinilla, y al gran Don Antonio Salas como cura, al día siguiente en el salón de actos a los nuevos nos asignaron tutor y grupo, mi primer tutor Don  Fernando García  de Ángela, un joven profesor debutante igual que nosotros y recién salido de la Facultad, buen docente  y que con el paso de tiempo se ha convertido en un  gran amigo. Aquel primero de bachiller era una novedad, era el único grupo que estudiaba inglés como lengua extranjera, el resto de grupos era de francés, fue aquí  donde nos encontramos un grupo de alumnos, que nos hicimos compañeros para continuar siendo amigos y algunos muy amigos y algo más que amigos, en una amistad sin condiciones  y que perdura al día hoy.

Corría la primera mitad de los años 70, mientras por la radio sonaba la música  de Los puntos, Camilo VI, Lorenzo Santamaria, Roberto Carlos... algunos de nosotros andábamos  locos siguiendo  a un grupo que ya había desaparecido, The Beatles, y descubriendo la poesía por boca de Joan Manuel Serrat, Paco Ibañez o Patxi Andión, y aprendimos a hacer sonar una guitarra que no a tocarla mientras en clase, Don Mendoza, el profesor de política, nos hablaba del fuero de los españoles y de la leyes fundamentales de Franco, Don Ambrosio solía el hombre encantarme con su bondad, algunas de sus clases de Naturaleza y su flor en la solapa, la señorita Gutierrez siempre nos hacía santiguarnos  cada vez que entraba en clase, el Pagés nos hacía aprender muchas matemáticas y Física y Química  y aún hasta cuando me suspendía, ¡como me gustaba esa Física y esa Química!,  con Mari Tina hacíamos "listening" en Inglés con cintas de casetes y unos fabuloso montajes de diapositivas  con música con  el  cura Don Francisco Azorín en las clases no aburridas de Religión.

Por esa época  teníamos un jefe de estudios, apodado "el barbas", sujeto de traje y corbata con mancha siempre y con cara de malo que nos hacia ponernos de pie cada vez que pasaba por nuestro lado; un conserje bonachón, Susarte, y unos maestros de taller Don Antonio campechano y amable  y  Don Emilio,  del mal recuerdo para mi por la paliza que dio por escribir en la pared. Don Cristobal bien vestido y muy peinado, tacón alto y que nos llamaba de usted y eso a mi me daba risa, la señorita Pilar Marco con esa voz tan particular y nuestro cura favorito Don Antonio Salas, que nos hablaba  de sexo, religión  y de otra  política ¡cuantos ojos nos abrió a tantos!.

Llegó el año 75 , en noviembre murió Franco, la noche anterior me estaba "empollando" el orden dórico, jónico y corintio que teníamos examen, a llegar al instituto nos dijeron que una semana de vacaciones ¡¡ que alegría !! yo tenía 16 años, un amor y pocas ganas de estudiar.  Estaba en  6º de bachiller masculino C con Don Andrés Nieto y sus clases "sui generis" de Filosofía, Don Isidoro Ruíz en Matemáticas, por aquel entonces aparecían de vez en cuando y de "matute" panfletos políticos a multicopista que pasaban de unos cuantos a otros cuantos y que leíamos en secreto, en nuestras casas, porque aquello estaba prohibido y además tuve el honor de ser uno de los primeros suspensos en Gimnasia porque en un "partidillo"  de fútbol  le puse un plancha al profesor y lo lesioné, aprobé en septiembre con  un examen escrito. Y esas clases de dibujo con Don Antonio,  un hombre exquisito y un profesor ejemplar, siempre amable, atento y cordial.

Y casi sin darnos cuenta llegamos al COU, nuestro último año, con las hormonas disparadas y viviendo con mucha curiosidad y  relativa intensidad , todo lo que estaba sucediendo en nuestro país, era la transición. Recuerdo que se empezaba a definirse políticamente y casi todos decíamos que éramos de centro, la derecha era ser de Franco y la Izquierda daba miedo , así que de centro  y fuera complicaciones. Vendíamos libros de Cela, poemas de Lorca, Alberti y Miguel Hernández y entradas a la discoteca Sapporo  a esperar las lentas,  todo para un viaje de de estudios que no hicimos. Con Solita y aquellos  maravillosos apuntes de lingüistica, la  señorita Isabel y esa Biología que cada vez me gustaba más, tanto me gustaba que leía el libro cuando no tenía nada que hacer.

Aquellos estupendos  años que los de mi generación vivimos como la edad de la inocencia despertada, fueron buenos, no me atrevo a decir que los mejores, pero si es seguro que son inolvidables.


De pie izquierda a derecha: Pepe Marín, Domingo Méndez, Diego López, Sebastián Egea, Pepe Balsalobre. Agachados: Miguel Aroca, Juan Ballesteros, Fernando Fernández, Paco Vazquez, Paco Hortelano.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Excelente artículo, Domingo. Conforme lo iba leyendo me parecía escuchar la voz de la serie “Cuéntame” y es que, como tú dices, somos del “Cuéntame”, como el hijo de Alcántara.
Seguro que a todo compañero o compañera de aquella época que lo lea le vendrán estos y otros muchos recuerdos maravillosos, y digo maravillosos, sobre todo por la edad que teníamos entonces, de sobra sabemos que no eran buenos tiempos, a pesar de que la dictadura llegaba a su fin.
Se podría escribir un libro con todos esos recuerdos: el fracaso en la venta de libros para el viaje de estudios en 6º curo, el conserje que llegó incluso a sacar una pistola en el pasillo, ese compañero al que se le ponían coloradas las orejas cuando copiaba en los exámenes, ese campeonato de España de fútbol al que no nos llevaron a pesar de haber quedado campeones regionales, los conciertos clandestinos de Luis Pastor,…
Sería muy enriquecedor que todo el que lea el artículo pueda aportar algún recuerdo importante que otros no hayan aportado antes.
Voy a comenzar con la mía, se trata de D. Ambrosio, ese profesor abaranero al que todos respetábamos y queríamos, por su manera tan “real” de impartir las clases, por su llegada triunfal cada mañana en el seiscientos gris, por su eterno traje, también gris, por esa flor fresca en la solapa, por su modo tan particular de pasar lista, por enseñarnos la naturaleza y cómo respetarla. Ese sí que era un MAESTRO. Ese, junto a otros muchos, a pesar de la época y con la ayuda fundamental de nuestros padres, que sí respetaban a nuestros maestros y a nuestros profesores, son los artífices de formar a una generación, la inmensa mayoría de gente honrada y trabajadora.
Vaya por ellos y por nuestros padres esta frase que escuché hace poco: “UN PAÍS QUE NO QUIERE A SUS MAESTROS, ES UN PAÍS SIN FUTURO”.
Un fuerte abrazo a todos mis compañeros y compañeras de aquellos años y un ETERNO ABRAZO a mi padre, MIGUEL EL COLAO, fallecido hace unos pocos días y que también tuvo la suerte de formar parte de la historia de este Instituto. Gracias a los que lo hicieron posible, D. Serafín Franco, D. Fernando Galindo,… y gracias a los que hicieron de esos años de su vida una época fantástica, sus compañeros y sus alumnos de electricidad, que luego pasaron a “Los Albares”, me consta por todos ellos que también fue un verdadero MAESTRO.
MIGUEL AROCA BERNAL.

Domingo Méndez dijo...

Sin duda Miguel, primero nuestros padres y luego nuestros maestros dejaron en nosotros su sello, en esa época esforzada nos alentaron a estudiar, a ser algo que ellos no pudieron ser porque no tuvieron esa oportunidad.
Tu padre Miguel "el colao" un ejemplo de persona, trabajador, humilde, cariñoso, bondadoso, de muy grato e inolvidable recuerdo , como tu madre , tu familia en general. Sabes que cuando con esa edad visitábamos nuestras casas, nuestras familias nos acogían a todos como si fuéramos hermanos , esa sensación se nota y se queda hasta nuestros días porque era sincera. Todos nos sentimos queridos en casa de todos, así ha sido, así es y así será