lunes, 3 de septiembre de 2018

La primera vez

Siempre hay una primera vez para todo que no necesariamente tiene que coincidir con  el primer  día que..., pero esto depende  según como se mire. Viene esto cuanto ante el inicio del este curso 2018/19 que, en mi caso,  es el numero 35 que no son muchos ni pocos, son los que son para uso y disfrute o no , según se mire, de propios y extraños.

Si, es  verdad que ante la proximidad del inicio del curso,  y pasen los años que pasen, uno intenta  sumar algunas cosas, alguna inquietud, aportar algo nuevo, también  borrar algo que no ha funcionado o simplemente  cambiar alguna estrategia,  nada peor para la salud  de uno y de los que tiene delante de adentrarse en los terrenos de la rutina mas confortable y más inútil , esa que da  seguridad pero frena emociones e ilusiones,  esa que te aburre, que te hace mayor y previsible

Así que en este inicio de curso tengo la gran oportunidad como todos los principios de curso, de  esa emoción  recurrente, esa inquietud de la primera vez, porque vuelve a ser la primera vez que me pongo delante de unos alumnos  que nunca antes había tenido, que están ante mi expectantes algunos,  curiosos otros o simplemente  resignados.

Es la primera vez que trato con unos padres que no conozco que supongo que esperan de mi lo mejor, al igual que yo de ellos, espero  no defraudar aunque  no siempre lo consigo, pero seguro que entre todos lo intentamos. Siempre me parecen escasas  y muy mejorables las relaciones familias y escuela,  basadas en la confianza y respeto mutuos porque compartimos un gran objetivo, educar en el sentido más amplio y de la mejor manera posible a los crios.

Se trata  despertar su curiosidad, de que se emocionen de vez en cuando, de que vayan con agrado a tus clases, de que lo cuestionen todo y a todos, también a ti como docente, de que los enseñes a pensar y no a repetir, que aprendan a debatir, a ser tolerantes, respetuosos,  que te diviertas con ellos y ellos contigo, y que cuando pase el tiempo te recuerden con esa sonrisa y agradecimiento  como todos recordamos a esos nuestros queridos maestros.

Hoy, tres de septiembre, empezamos  nuevo curso,  a mi querido profesor que hoy inicia su sueño y su pasión por la que peleó a brazo partido sin negar esfuerzo  ni sacrificio, por la que renuncio  a tantas cosas, un sueño en el que creyó desde el principio y nosotros con él, lo has conseguido  y empiezas otro más emocionante que es recorrerlo, el sueño empieza hoy.

A  mi querido profesor  solo le deseo  que disfrute tanto de la escuela como lo hacemos tu  madre, tu  hermano y yo.


                    A mi querido profesor en su primer día.


P.D. El lector  es muy libre de cambiar el título de esta entrada por este otro de " Mi querido profesor"  porque  la he escrito para él.



jueves, 19 de julio de 2018

Mi infancia son recuerdos

Fue allá por el año 1967 cuando tenía siete años, que  me incorporé al Zaraíche a segundo de primaria, anteriormente había estado, por sendos  cambios de domicilio de mis padres, en el Colegio San Batolomé-La era en mi etapa de preescolar, de la que apenas tengo recuerdos y posteriormente en el Colegio Cristo del Consuelo en donde hice primero con Don Fernándo, un maestro alto y de buenos modos, del que  recuerdo aquella manera que nos enseñaba los números del uno hasta el cien en una pizarra apoyada en un trípode.

Así, que acabé  en el Colegio Virgen del Buen Suceso, más conocido por el Zaraíche, y hoy por C.P. Antonio Buitrago, para hacer segundo con Don Francisco, un hombre ya mayor, calvo  y que siempre vestía con traje y corbata y algunas veces con boina. Son muy confusos y un poco desordenados los recuerdos de aquella época de un niño de siete años, así que es posible que se mezclen entre ellos  hechos reales con otros que puede que sean más confusos. De Don Francisco lo recuerdo un tanto despistado, hasta el punto que era posible que un alumnos que se apellidaba Yepes se comiera un melón dentro de clase y además repartiera a los compañeros, mientras Don Francisco nos corregía las cuentas.Tampoco se  me ha olvidado esa forma en la que había que contestar cuando nos preguntaba algo: " A ver Pepito ¿has hecho los deberes?", no valía un si o un no, había que decir si señor o no señor y en esto insistía mucho, eso si de buenas maneras y sin gritos, era un hombre entrañable y cariñoso.

Por aquellos años, a las casas  llegaban las primeras televisiones en blanco y negro, con un solo canal y con unas pocas horas de emisión, así entre los pedazos  de pan con  una onza de chocolate todas las tardes al salir del colegio, a eso de las cinco y media o seis,sentado delante de la tele para ver a Locomotoro, Valentina, al capitán Tan y al tío Aquiles, mis verdaderos héroes. En aquellos tiempos de una sociedad intolerante, recuerdo una televisión menos agresiva que en tiempos posteriores, pero eso no quita que en una  pasillo de la escuela un maestro, del que no recuerdo el nombre pero si la cara, me pegara un tortazo a mano abierta que casi me tira al suelo, mi pecado había sido poner una zancadilla a otro crío que entraba a clase  y que anteriormente él me había puesto la zancadilla a mi pero con tan mala suerte que a mi me pilló pero al otro no.

Al año siguiente entre en tercero con Don Juan Ortiz, del que guardo un grato recuerdo. Era un maestro joven, moderno, no recuerdo que llevara nunca traje y era un maestro deportista, cosa rara para la época. Recuerdo una mañana sus esfuerzos conmigo en la pizarra, me había sacado para hacer una división y luego la prueba del nueve para comprobar si estaba bien, la división creo que estaba bien pero la prueba del nueve no había manera de que  me enterara de la forma  de hacer aquello, Don Juan ins¡stia conmigo una y otra vez, y yo cada vez más nervioso, afloraban las primera risas entre mis compañeros entonces Don Juan cambió el tono de voz y cual inspiración divina vi la luz y conseguí hacer la regla del nueve. ¡Qué momentazo!.

No existía la gimnasia como tal en los colegios y  entonces el fútbol era  prácticamente el único deporte que conocíamos, además detrás del colegio existía el campo de "los caballones" uno de los feudos locales de más tronío y escenario de grandes partidos de aficionados a los que se llamaban desafíos  que eran al mejor de cuatro o al mejor de seis goles, eso si, cuando los grandes nos dejaban. A todo esto, Don Juan organizó un campeonato de minibasquet con una canastas colocadas justo en lo que ahora es la entrada principal, allí descubríamos otros deportes con unos tanteos que nos hacían gracia comparado con los del fútbol y otras reglas que a mi me parecían muy estrictas, mi equipo en este campeonato era el rayo azul y no recuerdo haber metido nunca una canasta en partido oficial. Al terminar la clases, algunas tardes nos íbamos con Don Juan al campo de fútbol de la Avenida del Caudillo, a ver como entrenaba a los juveniles del C.D. Cieza y nosotros tan contentos de que nuestro maestro fuera además entrenador.

Así que entre una cosa y otra  iba creciendo cumplí diez años, por la tele veía la casa de los Martínez por las tardes y el fugitivo por las noches. En la escuela estaba director Don Antonio Buitrago, del que mi padre decía que era muy listo porque lo conocía ya que habían ido a la escuela juntos, yo sentía cierta admiración por Don Antonio, que de vez en cuando entraba a nuestra clase y nos explicaba algo nuevo y luego nos preguntaba, lo veía como alguién por encima de los demás hasta el punto que recuerdo que un día le pregunté a mi padre que si Don Antonio con lo listo que era podría ser premio Nobel y mi padre me dijo que a lo mejor. Eso a mi me dejo muy pensativo.

En mi último año en el colegio en cuarto fue con Don Juan Martínez, un hombre ya bastante mayor con el pelo blanco y que siempre recuerdo con un porte elegante y traje gris con corbata fina. Era muy curiosa la manera en que Don Juan nos preguntaba la lección, nos poníamos todos de pie alrededor de la clase el primer día por orden de lista y Don Juan preguntaba la lección, si uno  no la sabia pasaba al siguiente y si este  si la sabía lo adelantaba y así con todos. De esta manera se hizo una especie de ranking en donde en los primeros puestos estaban los que siempre se la sabían y los últimos los que nunca se la sabían. Yo, por mi apellido, empecé por la mitad y en pocos días me fui yendo a la parte de atrás a la cola, pero no sé muy bien lo que ocurrió que me dio por estudiar y fui avanzando poco a poco hasta llegar a número siete, de ahí nunca pude pasar a los de delante que  no fallaban nunca, pero claro tampoco podía dormirme porque volvía a la cola otra vez y no era plan con el trabajo que me había costado.

En aquel curso recuerdo  como  entre todos colaborábamos en completar algún que otro álbum sobre los más diverso temas, así había de animales, de coches, de futbolistas y que luego se quedaban en clase para consulta de todos. Me viene a la cabeza aquel alumno "pelota" que siempre le regalaba la palmeta al maestro y que "cariñosamente"  este le llama a la palmeta "La leona", pues bien casi siempre este alumno estrenaba en su mano a "La leona".

Me gustaba la manera en que Don Juan Martínez nos contaba y nos explicaba las cosas, recuerdo momentos de sus explicaciones de quedarme literalmente con la boca abierta, había algo diferente en él que lo hacía distinto, desde un tono serio pero distendido tenía esa oratoria envolvente que al menos a mi me cautivaba.

Además de todo lo anterior tengo otros recuerdos desordenados en el tiempo y en el espacio de otros maestros  y hechos de mi paso por el  Zaraíche, asi cuando Don Luis Carrillo, en una sustitución, nos explicó que aquello del paraíso terrenal que nos habían contado no era exactamente así, ¡aquello si que fue un notición! o cuando Don Andres,un maestro jóven, alto, con una nariz muy puntiaguda y de voz muy grave nos contaba que venía todos los días al colegio en moto desde Murcia donde vivía, eso para mi era una especie de heroicidad.

Apenas recuerdo a muchos de mis compañeros de entonces, aunque muchos de ellos eran y son mis amigos de barrio de la calle Azorín, de Sanz Orrio y de las cien viviendas.Si tengo que decir que, cuando  bastantes años después he vuelto por el colegio, uno tiene la sensación muy agradable de que creció por allí en esa edad de la inocencia y algo de allí te pertenece.

¡ FELIZ CUMPLEAÑOS,QUERIDO COLEGIO !


Domingo Méndez López

miércoles, 13 de junio de 2018

Quiero dar las gracias

Retomo después de muchos meses este mi querido blog para dar las gracias.

Quiero dar a las gracias a un grupo de alumnos  con los que he compartido  este curso que acaba un taller de podcast al que hemos llamado Radio CJB.

Tanto para para mi como para ellos ha sido toda una experiencia didáctica, educativa y personal donde además de aprender nos hemos divertido, nos hemos emocionado, nos hemos reído  y todo, todo eso lo hemos compartido.

Gracias Soraya, Borja, Clara, Dani, José Manuel, Inés, Daniel, Raúl, José Ángel y Álvaro.

Aqui os dejo nuestra producción de todo el curso y un vídeo resumen.






domingo, 28 de agosto de 2016

La escuela Moderna

Cuando oigo hablar de ABP, Flipped Classroom, Gamificación,... asociadas a la modernidad, yo suelo mirar hacia atrás, a principios del siglo pasado, a una escuela moderna que no pudo ser, que no la dejaron ser y que no termina de ser, pero que existe. Un estupendo vídeo que todo docente debería ver y luego pensar, que de eso se trata.



Cuando oigo hablar de innovación educativa son muchos los foros donde todavía se confunde esta con el uso de las TIC, sin cuestionarse si este uso y abuso de artefactos realmente supone una manera diferentes de enfocar todos los procesos educativos, desde un nuevo tratamiento de los contenidos, una metodología centrada en los alumnos  y una evaluación que poco o nada se parezca a las calificaciones y puntuaciones que todos conocemos.

Los hay que, a estas alturas, creen que el uso de PDI, Tabletas y ordenadores están innovando por el simple hecho de usarlos y "modernizarse" sin cuestionarse nada  más para, al final, repetir un modelo que sigue siendo libresco, academicista y centrado en el profesor.

Los artefactos y las herramientas no son lo importante, lo importante siempre es la didáctica y la pedagogía , por eso para introducir las TIC en la escuela lo primero de todo es cambiar de idea y de modelo pedagógico y solo entonces buscar los artefactos y herramientas que necesitamos para ello, solo entonces descubriremos el verdadero potencial de las TIC en la escuela.

domingo, 3 de abril de 2016

La escuela agobiada

Ocurre, con más frecuencia, que en este tercer trimestre la gran mayoría de miembros de eso que solemos llamar "Comunidad Educativa" anda más que agobiada, acelerada y, como diría aquel, al borde de un ataque de nervios.

Nuestros jóvenes de 2º de bachillerato, ante la proximidad de la P.A.U, han incrementado  su nivel de agobio y estrés al mismo ritmo que sus profesores, que examen tras examen, tema tras tema, contenido tras contenido y a marchas forzadas, se empeñan en meter en la cabeza de su alumnos montones de cosas  para que estos los repitan tal cual en el día y hora previstos y todos quedemos bien que, en definitiva, es de lo que se trata, porque no se trata de aprender, se trata de aprobar y con nota.

Nuestros adolescentes de la E.S.O.  viven pendientes de los exámenes y de esa carga de deberes en muchas cosas repetitivos y descontextualizados , se trata de aprobar, de superar los exámenes, y aquí sus profesores haciendo lo que pueden por acabar el temario, que nada se quede en el tintero no sea que pueda perjudicarlos en un futuro y nos quedemos sin dar el volumen del tetraedro tan importante como es.  Mención especial para los alumnos de 2º de E.S.O. y sus profesores, que toca prueba de diagnóstico, ahora se trata de preparar a los alumnos para esa prueba porque de los resultados de esa prueba se hace un ranking y a nadie le gusta estar en los últimos lugares, tenemos que quedar bien.

Nuestro niños de de primaria muchos de ellos con una carga de deberes, para ellos y para sus familias, tan excesiva como ilógica, viven  agobiados con horarios "de trabajo" realmente complicado de llevar y con muy poco tiempo para jugar, hablar con otros niños o simplemente para pensar, fantasear, soñar...¡ apenas les dejamos tiempo para pensar !  y más aún cuando sus maestros agobiados por las famosa reválidas de 3º y 6º "achuchan" para darlo todo, para acabar el libro porque tenemos que quedar bien en las reválidas.

Nuestros pequeños de Educación Infantil corriendo, corriendo que hay que acabar todas las fichas, corriendo, corriendo que tenemos que saber leer porque los del colegio de al lado ya leen, y escribir , todos los niños de cinco años tienen que leer y escribir, corriendo, corriendo...

Es así, quizá he exagerado un poco pero son situaciones que todos hemos vivido como alumnos, como padres y como docentes, creo que entre todos hemos colaborado a cambiar el norte de lugar , el norte es aprender y no es  aprobar, aquello de "despacico y buena letra" no está de moda.





viernes, 25 de marzo de 2016

Alfabetizar en la era de la información

Alfabetizar consistía en que todos los ciudadanos pudieran acceder a la lectura, a la escritura, a operaciones de cálculo elementales y dotarles además de una cultura general para desenvolverse en la vida con unos mínimos y a partir de ahí progresar cada uno según sus capacidades y/o posibilidades. 

Alfabetizar en la era de la información debe de ser necesariamente otra cosa diferente, hoy en día el 100% de la población tiene acceso a esa alfabetización tradicional y todos los ciudadanos tienen cubierto ese derecho, pero también es cierto que ese concepto de alfabetización no es suficiente para desenvolverse en la vida a los ciudadanos del siglo XXI con unos mínimos, y que sean ciudadanos competentes en una sociedad digital donde la sobreabundacia de información y datos junto con la facilidad de acceso a estos es una de sus principales características.

 Alfabetizar hoy en día tiene que ver con saber buscar, ordenar, cribar, seleccionar y utilizar toda la información que necesitamos para transformarla en conocimiento. Tiene más que ver con dotar a los alumnos de mecanismos para que sean capaces de ser críticos con esa información, que hagan un uso responsable de ella, que sean tolerantes, que aporten valores positivos. También tiene que ver con el desarrollo de habilidades que les permitan producir y publicar ideas, datos y hechos con el mayor rigor y la mayor relevancia y objetividad posibles.

 Tenemos que pasar de la escuela que hacen que alumnos den respuesta previstas a la escuela que propicie que se hagan preguntas, una escuela que enseñe a los alumnos a pensar y no a repetir lo que le dicen. Necesitamos ciudadanos de mentes abiertas, creativos, críticos, tolerantes, responsables, que huyan de los dogmas y no se dejen manipular, solo así tendremos ciudadanos alfabetizados para la sociedad de la información.

viernes, 14 de agosto de 2015

Sonría, por favor

En estos tiempos educativos  que corren, donde gusta tanto reglamentar y medir hechos educativos, debería ser obligatorio por  decreto ley, que en las entradas de todos los centros educativos, en el lugar de paso para todos más visible, se colocara un cartel bien grande con un texto que dijera. “AQUI SE VIENE A SER FELIZ, A DIVERTIRSE Y TAMBIÉN A APRENDER

No es que yo crea que los centros educativos sean tristes, aburridos y se aprenda poco, no es eso, pero si es cierto que en  todos ellos abundan, aunque no podría cuantificarlo, muchos alumnos y bastantes profesores que no disfrutan, que no gozan, que no se sienten bien, que se le hace cuesta arriba el día el día y que el mejor momento es cuando suena el timbre de fin de clases.

A veces pienso,  y todos hemos pasado por eso,  cómo es posible que unos niños, unos jóvenes,  se pasen de cinco a seis horas diarias  de lunes a viernes, haciendo la mayor parte de las veces lo que un docente le manda hacer: ahora tocar escuchar, un poco después repetir, más tarde memorizar y para luego volver a repetir en  un examen, cosas que ni tan siquiera les interesa y la mayor parte de la veces no le encuentran ningún significado. ¿De verdad  que con estas rutinas, estas formas de dar clase, pude alguien  alguien ser feliz,  divertirse  y disfrutar aprendiendo, si es que se aprende?.

En esta escuela aburrida, previsible y rutinaria apenas tiene cabida la iniciativa de los alumnos, la creatividad, la curiosidad, el placer y el gusto de aprender, más ahora que están de moda esas evaluaciones externas descontextualizadas y que buscan un número, una nota,  que se transformará en un ranking de centros y, que de manera sutil,  supedita el placer por aprender a la competencia por una nota, que nos aleja de una escuela, creativa y colaboradora y nos lleva a una escuela competitiva e  individualista. Así es complicado que alumnos y profesores sean felices, que se diviertan y disfruten aprendiendo y enseñando.

Habría que ir buscando, desde mi punto de vista,  espacios y tiempos de aprendizaje en donde se puedan combinar las reglamentaciones curriculares con las iniciativas de alumnos y profesores, para saltarse el currículum,  ( ya no digo el tema que toca en el libro de texto)  y aprovechar las potentes herramientas de hoy en día para que se produzcan situaciones de verdaderos aprendizajes significativos que partan del interés de los alumnos y que, un docente comprometido, sepa entroncar con el currículum oficial.  Habría que encontrar situaciones de aprendizaje que propicien el trabajo en equipo entre alumnos y entre profesores, habría que conseguir “devaluar ” en concepto de asignatura y romper con las rigideces de los horarios, combinar el aprendizaje formal con el informal.

Sé que hablo, según algunos, de una escuela imposible, utópica, que solo es posible que se de un contexto determinado y elitista y difícilmente generalizable. Es posible que otros piensen, y este es mi caso, que hay camino andado, que es posible, pero hay que tener claro los grandes objetivos y no perder el norte, se trata de una escuela que no prepare para los exámenes sino para la vida, de una escuela integradora y no selectiva , ni competitiva, en donde la inmensa mayoría de alumnos y profesores sean felices, se diviertan y aprendan unos de otros. Todo es creérselo y empezar y no estaría mal que, para este próximo inicio de curso, en todos los centros educativos se colgara ese cartel que decía al principio.