miércoles, 17 de diciembre de 2014

10 años de estar juntos: viajando por el tiempo

El lápiz, el encerado y la tecnología más innovadora puede y
debe convivir en el aula en torno al alumnado
Pasaba por aquí, he visto la puerta abierta y me quedo un rato a charlar del número 10, si no os parece mal. 
Es curioso el poder que le otorgamos a este número, ¿no?. Es tan especial que le ponemos nombres exclusivos: una decena, una década, incluso le ponemos el epíteto de prodigiosa como si por si sola no fuese suficiente.
Contamos hasta 10 para jugar al escondite, y los americanos parten desde este número hasta el cero para felicitarse el año nuevo… pobres, no conocen las uvas. 10 es lo máximo que contamos con las manos y 10 es la nota máxima que le damos por aprender…¿seguro? Nos hemos acostumbrado a que un número es el resultado de aprender y el 10 lo más de lo más, hasta la nueva ley nos habla de notas y esfuerzo como si solo con decirlo, las neuronas de todos nosotros saltasen de alegría en los cerebros. es lo que tiene cuando de educación hablan los que tienen menos interese en que vaya bien. Pero ese es otro tema.
Como os decía, pasaba por aquí y me han dicho que alguien cumplía 10 años por tener montado no-sé-qué (que conste que cumplo las condiciones, me han dicho que no nombre ni quién ni qué y eso hago escrupulosamente).
Ahora en serio… han pasado 10 años y lo primero que se me pasó por la cabeza cuando me lo comentaron fue preguntarme a mi mismo dónde, qué y cómo estaba trabajando en el aula hace 10 años. 
Y ciertamente, casualidades de la vida, es más o menos la época en la que comenzaron a dejarme margen de maniobra y donde empecé un viaje, un “think different” posible gracias a pequeñas puertas que se abren, pequeñas ranuras del sistema y pequeñas oportunidades del momento adecuado con la gente idónea. No es que mi cabeza no le diese vueltas ya a muchas cosas, a muchas maneras y a muchas tecnologías. 
De hecho ese año habíamos construido, entre un compañero y yo, un cuento audiovisual. Traducido por nosotros mismos al gallego, ya que no existía en nuestra lengua, diseñado artísticamente y elaborado visualmente a un nivel que, por aquel entonces, podríamos habérselo ofrecido a una editorial. Los “pollitos”, así llamaba yo a mis pequeñas y pequeños del aula, y ellos a mi “papagayo" -no sé que querían decir con eso… no hablo tanto :-)))- ponían las voces a los personajes, nada más. Fue un trabajo muy lindo… hasta que me di cuenta de que de tan lindo que era, no era educativo. No había significado nada para el alumnado, no podía, era imposible, no les había dejado más que ser simples espectadores del proceso.
Ese año, algo me cambio dentro, no mi consciencia de que resultaba extremadamente necesario abordar otras alfabetizaciones, otros lenguajes… lo que los ingleses denominan “digital literacy” o alfabetización digital, pero si otras maneras de hacerlo DESDE el alumnado, otros modos de trabajar en el que el docente tiene un papel diferente, donde el alumnado es el artífice de su propio aprendizaje y creo que este viaje sin fin en el que estamos inmersos vale la pena sobradamente. 
Por aquel entonces, trabajar con tecnología en el aula era muy difícil: pocas eran las aulas con ordenadores en un rincón al mismo nivel que la cocina o la mesa de manipulativos, se llevaba en muchos centros aquella anacrónica idea del aula de informática (como si hubiese una aula de encerados o un aula de lápices… que tiempos ¿pasados?), lo más “móvil” era un ladrillo de portátil de más de 2 kg, las conexiones eran paupérrimas, difícilmente accesibles desde los centros y el mundo tecno-educativo miraba en torno a los contenidos… espera, estoy hablando en pasado!! ¿De verdad que el sistema educativo ha dejado eso atrás? mmhhh!! tengo mis dudas.
Un tiempo después encontré a Ken Robinson y desde entonces supe que mi modo de pensar no era tan “raro”, que la creatividad era un motor fundamental y los lenguajes actuales eran tan o más importantes de trabajar en el aula como el texto.
A nivel tecnológico, hemos cambiado sustancialmente. La tecnología se ha vuelto más transparente, más ubicua, más social y más audiovisual. Pedagógicamente salen a la luz movimientos pedagógicos muy potentes, por fin vemos hablar abiertamente de PBL, de CBL, design thinking, flipped Classroom, inteligencias múltiples y si, la CREATIVIDAD, claro que si!… lo metodológico adquiere por fin máxima relevancia y protagonismo y me alegro muchísimo. 
Contamos con enormes posibilidades de llevar a la realidad proyectos en los que el alumnado es el verdadero actor del aprendizaje, sólo nos falta mantener ese nivel en cuanto al material humano.
Ciertamente existen muchos ejemplos de persona que trabajan muy bien, que son referencia, modelos y vanguardistas que nos enseñan sobre todo qué hacer… pero muchas veces están solos, están aislados en la corriente del que trabaja como hace 10 años, sin hacerse una verdadera y profunda discusión interna que busque más un cómo que un qué en su labor docente diaria. 
Quizás eso es lo que menos ha cambiado en la realidad analógica y lo que más en la realidad virtual: la sensación de que mucha gente se siente sola en su aula en medio de un océano de viajes al pasado, mientras mantiene su alegría descubriendo y redescubriendo en su viaje vital en las redes sociales -¿os acordáis cuando no leíais un tweet o visitabais vuestro muro?-, en los blogs, en los movimientos como EABE, AulaBlog o Novadors personas, centros, dinámicas de trabajo hasta un punto en que se convierten en parte de tu familia, de tu amistad.

Ha sido un viaje alucinante durante estos últimos 10 años pero que, afortunadamente, sigue sin llegar a la meta. Todavía hay mucho que descubrir, por encontrar y por aprender… si esto ha sido así de increíble hasta ahora, no me pienso perder los próximos 10 años, cuando lleguemos allí nos lo contamos, ¿de acuerdo?