miércoles, 22 de abril de 2015

Cambiar la letra #21Lviolines

A petición de mi admirada Mercedes Ruiz  @londones para celebrar el día del libro.

Ya dijo el poeta  aquello de mi infancia son recuerdos, en mi caso de un  patio de recreo, rodeado de polvo y piedras y vestido con un babi de rayas blancas y azules, eran los primeros años sesenta y como todo por esa época en blanco y negro, menos mi babi que era de rayas blancas y azules.

Son olores sin sabores, texturas sin colores y lápices por dominar, un vaso de metal y la canela envuelta en papel de estraza para tomar esa leche en polvo americana que nos daban en la escuela, y canciones infantiles, mañana no hay escuela porque se ha roto la cazuela,  y señoritas muy serias y maestros con traje y palmeta, algunos tan grandes y con cara de malo que recordar no quiero.

En las aulas se olía a goma de borrar, ese olor que me gusta y evoco todavía hoy cuando visito aulas de niños pequeños, y recuerdo que no sabía coger el lápiz y como al hacer palotes y palotes no me salían bien, me salía de la raya y entonces alguien me cogía mano y me llevaba, me guiaba para que esos palotes me salieran bien, no recuerdo con exactitud y puede que no sea ajuste a la verdad, pero tengo la impresión de que podría haber estado haciendo palotes con un lápiz varias horas al día durante muchos días.

Borrador y sacapuntas mis grandes herramientas de diario, libreta a rayas y la enciclopedia Alvarez, un todo incluido de aquellos tiempos, la pizarra apoyada en un trípode con los números del 1 al 100 que repetíamos todos los días, hacia adelante y hacia atrás, luego cantar la tablas de multiplicar y recitar los pueblos de la provincia de Murcia: " Los pueblos de la provincia de Murcia son 42, Murcia, Cartagena, La Unión, Jumilla, Yecla, Archena...." y así hasta llegar a Cieza, el nuestro, que siempre era el último.

Don Juan, nos ponía en circulo alrededor de la clase y nos hacía repetir la lección, el que la sabía bien adelantaba al que no se la sabía con lo cual teníamos un verdadero ranking con un número 1 al que yo nunca llegue, puede que sea porque no pude  o porque no supe, al decir verdad nunca me ha gustado aspirar a número uno en nada.

Casi sin darme cuenta me vi en un instituto con once años y un montón de alumnos mayores algunos incluso con bigote, por aquella época, primeros años setenta, ya manejaba el lápiz con soltura, ya no hacía palotes, pero mi letra , ¡ayyyy mi letra!, no la entendía ni yo, pero no tenía a nadie que me llevara la mano para mejorarla, así que un día decidí cambiarla, me fije en mi compañero que tenía una letra clara, limpia y que yo entendía perfectamente, visto lo visto tomé la gran decisión, desde hoy y para siempre voy a escribir como Antoñito y así fue, poco a poco fui moldeando mi letra, con lápiz era más fácil, con el boli me costaba más, a lo largo de mis seis años de bachiller y luego COU me sentía muy orgulloso  de mi gran decisión, cambiar mi letra.

En mis años de Universidad tuve la gran recaída y mi letra volvió a sus inicios, a ser ilegible, eso de tomar apuntes y apuntes no iba conmigo, además de joderme la letra me aburría, hubo que recurrir a otros compañeros y a las fotocopias, gran invento ese. Desde entonces hasta aquí he hecho enormes esfuerzos por volver a mi letra copiada de Antoñito y no lo he conseguido, puede que tengan la culpa los teclados, pero a pesar de todo, añoro escribir a mano, pausado y con letra clara y limpia como mi amigo Antoñito que si  sigue con su letra de toda la vida.


Domingo Méndez
@dmelop





2 comentarios:

Tamar Soler dijo...

Me ha encantado esta entrada, pues en varias partes de su relato me he sentido identificada con mis propias vivencias y eso que no pertenezco a la década de los 70, es por ello que me hace reflexionar sobre la destemporalización experiencial de una persona, la cual, puede ser tan similar a la experiencia de otra a pesar del gran lapso en el tiempo que hay de una a otra vivencia.

Lo cierto es que el ordenador también está empeorando mi letra, porque hoy en día ya no se tiene en cuenta el detalle del trabajo, la limpieza y personalización de cada uno a la hora de redactar sobre algún tema en concreto sino la producción encadenada de la información ordenada fácilmente entendible por el profesor de turno.

A veces reflexionar sobre de dónde venimos y hacia dónde vamos en una época tecnológica como la nuestra hace que añoremos las acciones tan sencillas como escribir unas simples palabras con lápiz y papel.

Alberto Soriano dijo...

Una entrada muy bonita y nostálgica.
El autor evoca los colegios antiguos con toda su parafernalia de 'Babys' a rayas, leche en polvo y libros tópicos, como el se muestra en la ilustración de Álvarez, propios de una dictadura y llega hasta el aprendizaje de la escritura, que está muy bien eso de copiar el estilo de Antoñito, sólo que permítame que le haga una crítica constructiva, se centra mucho en estos aspectos pero obvia el fondo de la cuestión, no es la letra lo importante sino la música (el fondo de la cuestión y los estilos pedagógicos de enseñanza).